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Historias.

Aquí van a ir apareciendo las historias y tonterías que se me han ocurrido y, sobre todo, las que me ocurrirán, que, tal y como soy, serán bastantes.

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21-6-2006. Cosas de muelas.

La semana pasada me sacaron una muela. Una de esas de por vida.

Resulta que fue la primera que me dio por culo cuando era crío, con un flemón que parecía un globo de don Pimpón y que ese verano me hizo parecer una boya en el agua; cosa útil para mis padres, porque no me perdían y para los de la cruz roja que veían la velocidad de la corriente.

Por una parte me siento aliviado. Por otra, noto el agujero y me pregunto si volveré a comer peladillas. Pero lo peor son los recuerdos:

Tres pinchazos de anestesia. Dos por cada lado como quien clava la sombrilla en la arena y el tercero, para reforzar, que ya no noté; porque al borde de la inconsciencia a quién le importa.

Luego las tenazas, muy matrix, pero que no han cambiado desde la Edad Media ni en diseño, ni en función. Joder al paciente. La enfermera me aguanta la cabeza para que Miss SS 2006 pudiera tirar a gusto como el que saca un clavo. Unos crujiditos y la muela se parte. La dentista sonríe lujuriosa y se acaricia los labios lentamente con la lengua. Dice algo en eslovaco que a mí me suena a Morgoth y suelta las tenazas.

Casi me meo del alivio.

Me acerca la lámpara a los ojos y parpadeo cegado. Noto que la asistente me vuelve a sujetar la cabeza. Trato de averiguar qué pasa y un percibo dos brillos. Uno se mete en la boca y otro fuera.

¡POK!

¡Coooooooooooñooooooooooooo! ¡Ha pasado de las tenazas al martillo pilón!

¡POK!

La cabeza se me gira hasta que veo el reposa cabezas. De ahí a potar puré verde, un paseo.

¡POK!

¡Mamá!

¡POK!

¡Me cago en los sugus y en el muñeco de los Haribo!

¡POK!

¡Hijaputa! La muy perra parece que está teniendo un orgasmo.

¡POK! ¡CRACK!

El extasis. ¡Mira como se retuerce en la silla! Le bailan los ojos y le tiemblan las piernas; no como a mí, pero casi.

Un poco más de tenacillas, trocitos que vuelan, otro par de tirones y al fin, la libertad. Me dice que no coma en dos horas y que puede que duela un poco. Esa noche hubiera preferido que me colgaran un tren de mercancías de los huevos.

Recuerdo que hace un par de años (en el telediario del 2001) anunciaron una vacuna contra la caries (que no son más que unas cuantas bacterias, entre otras cosas). En ese momento supuse que la compraría alguna compañía para ahogarla en el cajón de las patentes. Hoy me lo creo más.

¡Su puta madre! ¡Ojalá esas compañías se pudrieran como mi muela!

Y luego van anunciando lo de ¡Ven!… ¡Que vaya tu madre! Y yo el mes que viene para la revisión.

Y es que son como la hipoteca: Una vez que te enganchan, ¡ya no te sueltan!

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26-6-06. La crisis de los treinta.

¡Pues eso es lo que parece que (me) está llegando!

 

Pero lo está haciendo de una manera un tanto extraña. Me han sacado mi primera muela, pero como estoy en un país donde los empastes todavía cuestan veinte euros, tardaré poco en ponerme una de esas de oro con su rubí para lucir en el pub y si acaso otra de reemplazo que se pueda cambiar de rosca.

Mi hercúlea silueta se ha convertido en digna imagen del sagrado deporte del Sumo. En vez de nadar, floto como un ballenato y sigo aguantando casi dos horas de tenis, aunque sea llegando al segundo (y cuarto) bote.

También el declive llega en otros campos: Creo que necesito coger un par de libros de primaria, como el de matemáticas porque resulta que las divisiones se me están atragantando y pa mí que los conjuntos son musicales. También dependo demasiado del corrector del word, aunque suele ser sólo cuestión de acentos… Creo.

Pero lo que me ha matao ha sido otra cosa. Una mucho más chunga y seria. Una de la que nadie me avisó porque creo que es tema tabú entre los hombres y las madres.

Me salen dos escobillas del vater de las orejas. Y dos batidoras de las narices.

Por la mañana me ha salido un ¡Cooooooooooooñooooooooooo! de lo más profundo del alma. He ido a sacarle punta a mi querida barba cuando he notado que las patillas eran más largas de lo habitual, con lo que he cogido las tijerillas y con el peine he apartado unos pelos. Pues cual ha sido mi sorpresa al descubrir que la raíz de esos pelos se escondía en mi pabellón auditivo.

Por un momento -antes de que la verdad se abriera paso a machetazos por mi jungla neuronal, cosa que le ha llevado como un minuto- Pensé que mis parásitos se habían dejao greñas y que se habían pasado al heavy de tanto machacarlos con mis Mp3. Pero luego he recordado a esos abuelillos que van a la playa y llevan to el equipo colgao de las orejas. Desde la bandera republicana ondeando al viento, hasta el periódico dominical, la toalla y el botellín de agua; y en las manos la sombrilla, la sillita plegable, el dominó y la petanca. Que poco me falta para poder hacerlo.

De momento me va a servir en la limpieza, porque mientras voy por el pasillo puedo repasar el polvo de las paredes. Luego, conforme vaya desarrollando mis habilidades sabré hasta donde llegar. Puede que incluso consiga cierto control sobre su movilidad y acabe como el doctor Octopus; aplaudiendo las manitas de coña , pasando el ventilador a pilas y agarrándome las dos cervecillas a cada lado de la cabeza en plan gorra futbolera (ahora tanto de moda para el mundial) para no tener que molestarme en realizar movimientos peristálticos de acercamiento cervecero-barrigal a lo Hommer. Energía que me ahorro.

Lo de la nariz es cosa de que use el cepillo cortador ese que anuncian por la tele, con el tío metiéndoselo por los buheros y que parece que debe dar gustirrinín sólo sea por la vibración. Aunque por el tamaño y dureza tendría, más bien, que repasarlos llamando a un leñador canadiense. O eso o dejar que los mocos hagan puenting. Lo bueno es que se camuflan con el bigote y si me pierdo en el desierto o tengo mucha sed podré usarlos cual destiltraje para pasarme el sudor recogido a la boquita de piñones que tengo. Por cierto, la despensa semanal se da por descontado como beneficio de tener barba, no batidoras nasales.

Y mejor no hablo de los tarzanetes.

Ya me he hecho a la idea de que estoy cerca del estado de gracia masculino que citan los científicos, porque a mis eclipsadas habilidades juveniles -pero aún presentes- cada día se van sumando nuevas características que me serán útiles a la hora de criar niños (los abuelos van cargados, pero los padres de familia en la minivan… Sólo de pensar en los jodíos cubitos playeros con sus palitas me pone la carne de gallina) y en el momento de mi vejez.

Crom quiera que llegue a los cien años porque de momento voy pa los treinta.

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30-6-06. El pito del sereno.

 

Por lo visto, Madrid va a ver retornar una figura entrañable que aún reside en la memoria de nuestros abuelos.

El sereno.

Un personaje que se dedicará a recorrer las calles ofreciendo protección (más bien psicológica) a los viandantes que circulen a altas horas de la madrugada. Sus armas serán las llaves de los portales y un gualki talki.

Jeje.

Me dan pena de las hostias que les van a soltar.

Hace cuarenta años el nivel cultural era mayor, había cierto respeto por la gente y un poco más de educación. Ahora veamos quienes son los que salen a altas horas de la mañana. Pensad. Si estáis leyendo ésto, o por lo menos habéis llegado hasta aquí, seríais de los que agradeciera una figura como esa. Pero para el resto van a ser presa facil. La cueva de Alí Babá andante.

A los pelaos se la va a traer floja de qué color sea; a los lanzallamas (los que queman mendigos) les va a parecer un pato de feria andante; a los asalta-portales, un llavero móvil y a los graciosos que graban vídeos con el móvil les va a parecer Tom Cruise.

El perfil del candidato vendría representado por un anuncio como éste que deberían colgar en todas las oficinas del INEM:

 

Por lo tanto yo recomiendo al ayuntamiento de Madrid que se deje de leches y hable con la Megacorp para contratar a sus próximos serenos.

robocop.jpg

 

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6-7-06. Guiyotincito se va a la playa.

 

Ayer (fiesta nacional eslovaca, pero no sé ni el nombre) pasé un día increíble en la playa. No, no deliro. Si alguien coge un mapa de no más de quince años de Europa verá que Eslovaquia no tiene costa; a lo sumo Croacia, que aquí la llaman la playa eslovaca. Pero hay otras alternativas.

Nos fuimos a un lago muy popular a media hora de Bratislava con la carga típica del que marcha a pasar un día de sol: Esterillas, toallas, gorras, gafas, agua, raquetas de badminton, revistas para combatir el aburrimiento, la nevera y el sofá. El viaje en chanclas y bañador por descontado. Que felíz soy, ya soy dominguero.

El posicionamiento también es el típico: Vas mirando la carnaza mientras le dices a la parienta que a ti te da igual donde os pongáis -dándole empujones para alejarla de la sombrilla de los jubilaos-.

Es importante llegar a una buena hora; una de esas en la que los pescadores jugando a la lotería con el cordel ya se han marchado contentos con las cuatro raspas hambrientas que han cogido y los borrachos comatosos hayan sido absorbidos de nuevo por la marea. Nosotros lo hicimos a las doce, la hora de la barbacoa: Te pones el bronceador y acabas con un churruscaíto crujiente de asador de pollos digno de los famosos de Aquí hay tomate. Pillamos sitio en primera linea con vista a los chambaos y empecé a anotar mentalmente las diferencias entre mi (ahora más) adorada playa y el charco donde estábamos.

El baño: En el mar, para mí lo mejor es el olor y el regusto a salado que se queda en los labios, la brisa y el aplauso de las olas contra la orilla. En el lago es más… no sé… como un saborcillo a sopa de verduras (¿?) y el poco aire que se mueve trae un olor a cañería vieja.

Luego está el fango. Me da asco. Y es que tengo un trauma desde pequeño con los de la Puntica del Mar Menor. Los entendidos dicen que ese lodo tiene todo tipo de propiedades terapéuticas y que es mano de santo con el reuma; así que es fácil imaginar el tipo de clientela que atraen. Pues imaginad a un pobre crío de once años al que empujan a ese charco marrón y caldoso, traga agua y posa los pies por primera vez en su vida… en… una… mierda… que… se… lo… traga. Creo que no me eché a llorar hasta que vi a una vieja, mismísima Cosa del pantano, sonreírme con la mirada beatífica del que afloja los esfínteres y noté una corrientilla aún más templada que el barro que me succionaba. Para echar la pota.

Fango. No.

Pero no todo fue malo en el lago y al agua me acostumbré porque estaba mansa, fresquita y transparente.

Eslovaquia es un país que se tira la mitad del año a oscuras y helado y la otra mitad amaneciendo a las cuatro pa dar por culo; así que es normal que la gente pille el calor con entusiasmo. Y mucha gente sabe que he hecho la mili y que tengo unas cuantas historias que contar. La convergencia de estas dos ideas viene un poco más adelante. Resulta que una de esas batallitas es la del reconocimiento médico a aspirantes a tropa y si me invitáis a un par de cañas la cuento porque merece la pena (el invitarme). Pero en resumen viene a decir que la nariz me peta y me baja la tensión cuando veo ropa interior.

Pues después del baño y del pertinente paseo me puse a leer una Wired del invierno hasta que noté una sombra. El hombre se siente atraído por el movimiento de manera natural, así que hice caso a mi instinto y a mi oído y giré la cabeza para toparme con un grupo de amigas que se liberaban del top con alegría. La suya y la mía.

Las escobillas me sangraron como las toberas de un f-14.

Creo que mi mujer se preocupó cuando me vio agarrar los cleenex y metérmelos a pares en las fosas nasales, pero ella ya conocía la historia de la mili y al ver la razón de mi emergencia médica me dijo que ya me acostumbraría, que eso era normal allí.

Yo le dije que a no ser que me pusiera unas anteorejas, ya podía ir colocando un par de cubas debajo de la tocha pa ir ahorrando el paseo a donar sangre.

Cómo le expliqué lo que son unas anteorejas no me lo preguntéis.

Después de eso el resto del día pasó entre un bailoteo de piernas y brazos que apenas me dejaba mantenerme en pie y las delicias que sirven en las versiones norteñas de los chiringuitos playeros, sólo que sin el olor a pehcaíto frito y las migas que es lo que le da el toque de autenticidad a Ehjpaña. Es un placer saber que lo que tenemos es inimitable y que aunque se viva mejor en otros países donde el sueldo es mayor y el estado cuida mejor a sus súbditos; siempre podemos volver a casa para tener unas vacaciones como dios manda y echar la lágrima el último día pensando en lo tardío del siguiente encuentro.

Aunque lo del lago sirva como un buen chupinazo de metadona para los adictos al agua salada (salidos) como yo.

 

Comentarios»

1. emanuel - Jueves, 4 octubre 2007

pinso que tienen mucho criterio para acer este tipo de cosas y espero que sigan aciendolo esta perfecto


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